vie 9a. Ord. año impar desp
Pentecostés (Id=384)
El Señor me castigó, pero ahora ya puedo ver a mi hijo
Lectura del libro de Tobías 11, 5-17
Ana se sentaba todos los días y observaba
el camino para ver si regresaba su hijo Tobías. Un día vio que se acercaba y le
dijo a su esposo Tobit:
"Ya viene tu hijo con el hombre que lo acompañó".
Rafael le dijo a Tobías antes de que llegaran a donde estaba el padre de éste:
"Estoy seguro de que sus ojos se abrirán. Úntale la hiel del pescado en
los ojos y el medicamento le quitará las manchas blancas de los ojos. Entonces
tu padre recobrará la vista y podrá ver la luz".
Ana se acercó y abrazó a su hijo, diciéndole:
"¡Hijo mío, ya puedo morir, después de verte!"
Y rompió a llorar. Tobit se levantó y, tropezando,
llegó hasta la puerta del patio. Entonces Tobías corrió a su encuentro, con la
hiel del pescado en la mano, le sopló en los ojos, lo sostuvo y le dijo:
"¡Padre mío, ten ánimo!"
Entonces le untó el medicamento y con sus dos manos le desprendió las manchas
blancas que tenía en los lagrimales.
Tobit, al ver a su hijo, lo abrazó entre lágrimas y
le dijo:
"¡Hijo mío, luz de mis ojos: ya puedo verte!"
Y añadió:
"¡Bendito sea Dios, bendito sea su excelso nombre; benditos sean todos sus
ángeles, para siempre, porque Él me castigó, pero ahora ya puedo ver a mi hijo
Tobías!"
Tobit y Ana, su esposa, entraron en la casa, llenos
de alegría y alabando a Dios a voz en cuello por todo lo que les había
sucedido. Entonces Tobías le contó a su padre que el Señor Dios lo había
conducido por el mejor camino; que había traído el dinero; que había tomado
como esposa a Sara, hija de Ragüel, y que ella estaba
ya cerca de las puertas de Nínive. Tobit y Ana, llenos de alegría, salieron al encuentro de su
nuera, a las puertas de Nínive. Los ninivitas, al ver que Tobit venía
caminando con pasos seguros, sin que nadie lo llevara de la mano, se quedaron
admirados.
Tobit alababa y bendecía a Dios con grandes voces
delante de todos ellos, porque Dios se había compadecido de él y le había
devuelto
"¡Bienvenida seas, hija mía! ¡Bendito sea tu Dios, que te ha traído a
nosotros! ¡Bendito sea tu padre, bendito sea mi hijo Tobías y bendita seas tú,
hija! ¡Bienvenida seas a tu casa! Que goces de alegría y bienestar. Entra, hija
mía".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 145
Alaba, alma mía, al Señor.
Lauda anima mea Dóminum
Alaba, alma mía, al Señor; alabaré al
Señor toda mi vida; cantaré y tocaré para mi Dios, mientras yo exista.
Alaba, alma mía, al Señor.
Lauda anima mea Dóminum
El Señor siempre es fiel a su palabra, y
es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y
libera a los cautivos.
Alaba, alma mía, al Señor.
Lauda anima mea Dóminum
Abre el Señor los ojos de los ciegos y
alivia al agobiado. Ama el Señor al justo y toma al forastero a su cuidado.
Alaba, alma mía, al Señor.
Lauda anima mea Dóminum
A la viuda y al huérfano sustenta y
trastorna los planes del malvado. Reina el Señor eternamente, reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.
Alaba, alma mía, al Señor.
Lauda anima mea Dóminum
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
El que me ama cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y haremos en él nuestra
morada, dice el Señor.
Si quis diligit me, sermonem deum servabit, dicit Dóminus, et Pater meus diliget
eum, et ad eum veniémus
Aleluya.
¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David?
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
12, 35-37
Gloria a ti, Señor.
Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús
preguntó:
"¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo
David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: " Dijo el Señor a mi
Señor: siéntate a mi derecha, y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas
los pies". Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo
suyo?"
La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Confiados en tu misericordia, Señor, venimos a tu
altar con nuestros dones, a fin de que te dignes purificarnos por este memorial
que estamos celebrando.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
El misterio pascual
Tú eres el Dios vivo y verdadero; el universo está lleno de tu presencia, pero
sobre todo has dejado la huella de tu gloria en el hombre, creado a tu imagen.
Tú lo llamas a cooperar con el trabajo cotidiano en el proyecto de la creación
y les das tu Espíritu para que sea artífice de justicia y de paz, en Cristo, el
hombre nuevo.
Por eso, unidos a los ángeles y santos, cantamos con alegría el himno de tu
alabanza:
Yo les aseguro, dice el Señor, que todo cuanto pidan en la oración, si tienen
fe en obtenerlo, les será concedido.
Oración
después de la Comunión
Oremos:
Padre Santo, tú que nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
guíanos por medio de tu Espíritu a fin de que, no sólo con palabras, sino con
toda nuestra vida, podamos demostrarte nuestro amor y así merezcamos entrar al
Reino de los cielos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
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